Dóberman

Perro de raza dóberman

Dóberman

¿Un imperturbable perro guardián o un perrito faldero más grande de la cuenta? Existe una división de opiniones en cuanto al dóberman, que se ha ganado la fama de fiera peligrosa por sus numerosas apariciones en la televisión, pero, desde el éxito de la serie estadounidense Magnum, también ha sido digno de admiración.

Características

Sin lugar a dudas, el dóberman es un perro guardián y protector. Es valiente, seguro de sí mismo e intrépido y por ello forma parte de los cuerpos policiales y militares. De ahí que, como parte del estándar de la raza actual, la Federación Cinológica Internacional (FCI) exija una bravura y un temperamento moderados.

En el fondo, es pacífico; con un dueño competente y fiable a su lado, que le proporcione una educación adecuada a sus necesidades y suficiente actividad y entretenimiento, puede llegar a mostrarse hasta cariñoso y muy manso.

En relación con su imagen de perro de pelea, sus admiradores, guiñando un ojo, le llaman luchador mimoso. Con su familia es sumamente fiel, apegado y amante de los niños. No dudaría en defender a sus seres queridos y, ante los extraños, en un primer momento, se muestra escéptico por naturaleza. Esto no quiere decir que vaya a abalanzarse sobre cualquier visitante enseñándole los dientes; un dóberman bien educado y socializado nunca atacaría ni mordería sin motivo, solo muestra su lado agresivo si se lo ordenan. Al igual que sucede con otros perros, es decisivo quién lleva la correa; el dóberman necesita un líder experimentado y seguro de sí mismo que establezca los límites. Una vez que esta persona se ha ganado su confianza, le obedecerá y seguirá siempre.

El dóberman, más que ninguna otra raza, es el reflejo de su dueño. Alguien tranquilo y con autoridad contará con un perro seguro y obediente. Estos perros muestran gran cooperación y disposición para el trabajo, aprenden muy rápido y son muy capaces. Incluso se los considera una de las cinco razas más inteligentes del mundo. Si se sabe valorar y fomentar estos rasgos, los dóberman pueden ser también perros de familia.

Aspecto

La razón por la cual la primera impresión que se obtiene al ver un dóberman es la de perro guardián, a pesar de su naturaleza pacífica, radica, sobre todo, en su imponente apariencia. Este animal de constitución fuerte y musculosa, figura elegante, porte orgulloso y expresión decidida tiene una imagen casi noble. Para muchos de sus admiradores, representa el ideal canino.

El corte de su cola y sus orejas medianas, típicas del pinscher, acentuaba todavía más su aspecto elegante a la vez que amenazador. Poco después de nacer, a los cachorros de esta raza se les amputaba la cola; cuando ya tenían algunas semanas de vida, se les practicaba un corte en las orejas para darles la forma característica. Con un vendaje elástico y un soporte, que el perro debía llevar durante varias semanas, se inmovilizaban las orejas hasta que finalmente adquirían su posición erguida. En un principio, el corte no se realizaba por motivos estéticos, sino para facilitar sus tareas de vigilancia y protección. Un dóberman con orejas cortas y altas y una cola pequeña era un atacante difícil de agarrar, con lo que resultaba más complicado defenderse de él. El corte de las orejas pretendía hacerlo menos vulnerable. Durante mucho tiempo hubo quienes defendían que el auténtico dóberman era aquel al que se le habían cortado las orejas y la cola.

Afortunadamente, por motivos de protección de los animales, la amputación de las orejas y de la cola es una práctica prohibida en cada vez más países. Las orejas caídas y la cola larga le confieren al feroz dóberman rasgos suaves y amables. A pesar de que esta prohibición cuenta con detractores entre algunos amantes de la raza y criadores, el dóberman con las encantadoras orejas caídas ha ido ganando numerosos nuevos seguidores. Así es como el perro fiero de antaño se convirtió en un animal familiar.

Los ejemplares de color marrón tienen mucho éxito; aunque es obvio que el tono del pelaje no influye en el carácter, para muchos un dóberman marrón no parece tan amenazante como uno negro. También en las películas y en las series de televisión, prácticamente solo aparecían dóberman negros. La variedad marrón ha sido y sigue siendo menos conocida que la de color negro con marcas fuego. Muchos, cuando ven uno marrón, piensan antes en un elegante perro de caza que en un dóberman. Además de los colores negro y marrón con las marcas fuego características, pueden encontrarse dóberman azules, blancos e isabelinos; sin embargo, el estándar de la raza no contempla estas tonalidades.

La altura a la cruz oscila entre 63 y 72 cm y su pelaje liso y brillante es corto y denso, sin manto inferior.

Historia

La historia de los dóberman negros y marrones de hoy en día comienza con Schnuppe, la perra de color gris de Friedrich Louis Dobermann, quien dio nombre a la raza y vivió de 1834 a 1894 en la pequeña localidad de Apolda, en Turingia, Alemania. Friedrich Dobermann buscaba perros que poseyeran gran atención y temperamento, para que lo protegiesen en su trabajo. No se sabe con certeza cuál era su profesión, pero se cree que pudo ser recaudador de impuestos, vigilante nocturno, policía o capataz de un matadero. Lo que sí es seguro es que trabajaba también como perrero municipal, lo cual le daba el derecho a capturar y sacrificar perros callejeros, siempre y cuando no se pudiese encontrar a su dueño. Seleccionó los más atentos y fieros y los cruzó para que se reprodujeran. A su favorita, Schnuppe, una hembra mestiza de color gris procedente de los alrededores de Apolda, la cruzó con un perro de carnicero; estos canes eran un tipo de predecesor del rottweiler mezclado con una clase de perro pastor de pelaje negro con marcas rojizas, originario de Turingia. Para la cría, Friedrich Dobermann empleó, además, variedades de pinscher y de perros de caza.

Su objetivo, según se cuenta, era el de criar animales protectores y fuertes que defendiesen el hogar y las tierras sin amedrentarse. La nueva raza, muy semejante a la actual, no tardó en ser descubierta como raza de perros policía. Gracias a su gran labor como mensajero y rastreador, se ganó el apodo de Perro gendarme. A comienzos del siglo XX, fue reconocido oficialmente como perro policía en Alemania.

Tras el fallecimiento de Friedrich Dobermann, Otto Göller, un hombre también nativo de Apolda, se hizo cargo de algunos de los perros y los cruzó con otras razas caninas y con ejemplares mestizos. Las siguientes razas fueron las que supuestamente contribuyeron a otorgar su apariencia actual al dóberman: rottweiler (perro de carnicero), pastor alemán, pinscher alemán, braco de Weimar, perros de caza y lebreles.

Otto Göller compró a su conocido Goswin Tischler un macho llamado Graf Belling; este ya poseía tanto el carácter como algunas de las características físicas típicas del dóberman de hoy en día. Graf Belling transmitió estos genes a sus descendientes, lo cual contribuyó de manera decisiva a afianzar el estándar de la raza. Otto Göller, quien tenía 150 perros en su criadero von Thüringen, comerció con estos animales atentos y valientes y difundió la raza haciéndola llegar a todo el mundo. A él le debemos la creación del primer club del dóberman, el 27 de agosto de 1899. En el nombre de la asociación, Club Dóberman Pinscher de Apolda, fue donde apareció por primera vez la denominación de dóberman pinscher. Antes de ello, la raza se llamaba ―al igual que vuelve a ocurrir ahora― solo dóberman. Como fundadores y pioneros en el desarrollo de la raza, hoy recordamos, además de a Friedrich Dobermann y a Otto Göller, también a Goswin Tischler, con su criadero von Grönland, y a Gustav Krumbholz, con su criadero von Ilm-Athen.

El dóberman alcanzó su mayor éxito como perro policía y militar durante las guerras mundiales; en la I Guerra Mundial, formó parte del ejército alemán como mensajero, buscador de minas y perro del servicio sanitario. Este can valiente y fiable llamó la atención de los estadounidenses, quienes lo utilizaron en la II Guerra Mundial, al igual que los alemanes, como perro militar. Desgraciadamente, el dóberman también fue conocido por vigilar los campos de concentración.

Cría y objetivos de la misma

Inicialmente, el objetivo de la cría del dóberman fue el uso como perro de trabajo. Incluso hoy sigue dedicándose más a tareas laborales como las de perro guardián, policía, militar, de caza (para defender de los depredadores), pastor y hasta perro guía o para terapia asistida con animales.

Hoy en día, estos animales tan versátiles son cada vez más apreciados como perros de familia. Mientras que en la cría de perros de trabajo, el temperamento y la atención eran rasgos que se tenían en cuenta a la hora de seleccionar los animales que se iban a cruzar, en la cría de perros de familia y de compañía, estas características han quedado relegadas a un segundo plano. En este tipo de cría, se prefiere un carácter equilibrado y amable. Por lo general, las asociaciones registradas se han especializado en la cría de perros de trabajo o bien en la cría de perros de familia.

Quien quiera comprar un dóbermann debería preguntar primero al criador cuáles son sus objetivos de cría. La mejor forma de encontrar criadores expertos y de confianza es buscarlos entre los miembros de las asociaciones de dóberman registradas. Es importante que el criador te proporcione información y responda a tus preguntas, que te muestre a los padres del cachorro y el lugar donde los cría, así como que dé importancia a la salud y a la adaptación del perro a su entorno.

Tener, adiestrar y cuidar a un dóberman

En los dóberman de familia también es posible apreciar los rasgos originarios de perro guardián, protector y de trabajo. Poseen un instinto de protección innato, unido a un temperamento moderado y a una notable necesidad de estimulación física y mental. A los dóberman de familia les gusta igualmente ser útiles, por lo que necesitan poder realizar tareas para sentirse felices y tranquilos. Un dóberman no se contentará con salir a pasear dos o tres veces al día. Como es obvio, un perro tan activo e inteligente requiere un compañero hábil y experimentado.

Los perros a los que no se ha cuidado adecuadamente, como por ejemplo aquellos que viven aislados en un centro, los que apenas reciben atención, aquellos que no pueden confiar en su dueño y los que no ejercitan ni el cuerpo ni la mente, suelen desarrollar malos hábitos como forma de buscar una distracción que compense el aburrimiento y la falta de estímulos. Se inquietan con rapidez, corren nerviosos por la casa, tiran de la correa o ladran con el más mínimo ruido. Por el contrario, los que reciben los estímulos y la atención suficientes son tranquilos y equilibrados y no les importa no tener ninguna ocupación, si han tenido una buena sesión de entrenamiento.

Quien quiera tener un dóberman, debería ser consciente no solo del interés que despierta esta raza, sino también de que su adiestramiento y cuidado exige mucho tiempo, dinero y, en ocasiones, gran cantidad de paciencia. Necesitan suficiente actividad y juegos creativos para estimular su mente, algo imprescindible para que el perro y el humano puedan convivir en armonía. Existen numerosos juegos de entretenimiento en los que ambos pueden participar: juegos de forcejeo, de caza, de búsqueda, de rastreo, acuáticos, con comida o, simplemente, los juegos con otros perros o los largos paseos en la naturaleza, con los que un dóberman puede «desfogarse».

Esta raza destaca en diversos deportes caninos como agility, obediencia o dogdancing. Los dóberman de familia pueden encontrar divertido participar en una competición de trabajo.

Si el perro va a convivir en familia, necesitará un sólido adiestramiento y una buena socialización, que preferiblemente deberán comenzar cuando aún es cachorro. Al igual que ocurre con los seres humanos, los primeros meses de vida resultan decisivos. Es recomendable que se relacione con perros y con personas de todas las edades cuanto antes; si en el futuro va a formar parte de una familia con niños, es especialmente importante que no tarde en conocer y aprender a valorar a bebés y a niños de corta edad. Las experiencias positivas determinarán la vida del cachorro. Un proceso completo de adaptación a su entorno enseñará al dóberman que ciertas situaciones son normales y no entrañan ningún peligro potencial para su amigo.

A diferencia de la educación y del entrenamiento, el cuidado del dóberman no supone un gran esfuerzo. Solo tendrás que cepillar su pelaje corto y sin manto inferior cada pocos días, pero deberás cuidar y comprobar con frecuencia las uñas, los ojos y la piel en busca de alteraciones.

Está claro que el dóberman no es para todos; necesita un dueño con experiencia, que disponga de tiempo y de ganas para dedicarse a él y para proporcionarle la atención, tanto física como mental, que requiere. Con un compañero tranquilo, pero firme y capaz de imponerse, en cuyas decisiones siempre pueda confiar, el dóberman se convertirá en un perro apegado y fiel, que haría lo que fuera por su amigo.

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