Displasia de cadera en perros

Displasia de cadera en perros

Un veterinario comprobando la movilidad de la cadera

La displasia de cadera en perros (DC) es un trastorno genético del desarrollo de la articulación. Sin embargo, hay otros factores que pueden afectar negativamente al desarrollo articular. Estos pueden ser factores medioambientales, de tenencia y alimentarios. Sigue leyendo para averiguar lo más importante sobre la displasia de cadera en perros.

¿Hasta qué punto es peligrosa la displasia en perros?

Como se trata de una enfermedad congénita, los perros afectados muestran síntomas de gravedad variable ya desde cachorros. La vida del perro puede llegar a estar limitada hasta tal punto que apenas pueda caminar. En cualquier caso, la displasia de cadera en perros está asociada con dolor nada despreciable, a menudo de por vida.

Síntomas: ¿cómo se manifiesta?

Los perros de hasta ocho meses caminan como patos con las patas abiertas y no tienen muchas ganas de moverse. Más adelante, cojean, tienen problemas para levantarse y pierden movilidad en las patas traseras.

La musculatura de estas patas disminuye porque los perros no las mueven a causa del dolor. También tienen dolor en los músculos que rodean la cadera, causado por contracturas.

No obstante, los síntomas de la displasia en perros varían mucho en función de la edad, la gravedad y la limitación de la función de la cadera.

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Diagnóstico: ¿cómo se detecta?

El veterinario diagnostica la displasia de cadera en perros con una radiografía. Para examinar una radiografía de cadera correctamente, la imagen siempre debe tomarse con el perro sedado en una posición normalizada. Es necesario sedarlo para que la musculatura se relaje y no sienta dolor en la posición requerida para la radiografía.

Con las imágenes obtenidas, el veterinario evalúa la gravedad de la displasia y las alteraciones de la cadera. Un criterio de evaluación importante es el ángulo de Norberg. Este se determina mediante dos líneas entre los centros de ambas cabezas femorales y el borde anterior del acetábulo. En un perro sin displasia, este ángulo debe ser de más de 105 grados.

Otros signos

Las alteraciones siguientes también apuntan a una displasia de cadera en perros. El acetábulo, la cabeza femoral o ambos pueden estar aplanados. Esto hace que la cabeza femoral no pueda asentarse bien en el acetábulo.

Además, es frecuente observar una mala alineación del cuello o la cabeza femoral. También se detectan a menudo signos de artrosis, como engrosamientos en el acetábulo anterior y posterior, y en la transición del cuello a la cabeza femoral.

Radiografías para animales de cría

A la hora de elegir animales para la cría, existen ciertos criterios de realización y evaluación de radiografías. Además, para algunas razas, en algunos países o para ciertos informes también se pide otra radiografía con los muslos abiertos y los corvejones levantados (postura de rana).

Esto permite ver mejor las alteraciones del acetábulo y el fémur. La clasificación para animales de cría prevé cinco categorías, según las normas de la FCI (Federación Cinológica Internacional):

  • A = ausencia de signos de displasia de cadera
  • B = en el límite
  • C = signos leves de displasia
  • D = signos moderados de displasia
  • E = signos graves de displasia

Para tratar estos problemas de cadera en perros, también son importantes los resultados del examen clínico y los síntomas.

Displasia de cadera en perros
La natación es buena para las articulaciones y refuerza la musculatura del perro.

Tratamiento: ¿qué opciones hay?

Para tratar la displasia de cadera en perros existen varias opciones, pero ninguna la cura.

Todas las formas terapéuticas van dirigidas a aliviar el dolor y la inflamación, retrasar el avance de la artrosis y mejorar la mecánica articular y la movilidad. El tratamiento que se elija dependerá de varios factores. Estos pueden ser la gravedad de los síntomas, los resultados radiográficos, la raza, la edad, el peso y el cuidador.

¿Qué se puede hacer para combatirla?

Los veterinarios distinguen entre la terapia conservadora y la terapia quirúrgica de la displasia de cadera en perros.

La terapia conservadora tiene por objetivo principal reducir la carga y reforzar las articulaciones. Por eso, hay que evitar que el perro se sobrecargue mediante movimientos controlados sobre suelos blandos. Esto es beneficioso para la cadera y refuerza la musculatura. La natación es un buen ejemplo de este tipo de terapia.

En cambio, conviene evitar que haga movimientos bruscos al jugar, saltar y dar vueltas. Esto sobrecargas las superficies articulares, las cápsulas y el tejido circundante.

Además, la fisioterapia ayuda a reducir el dolor y la inflamación, y a descontracturar los músculos. A nivel medicamentoso, suelen prescribirse antiinflamatorios y analgésicos, a veces combinados.

Por otra parte, si el perro tiene sobrepeso, conviene que adelgace para no sobrecargar aún más las articulaciones.

Operación quirúrgica

En cuanto a la terapia quirúrgica, también hay una serie de métodos disponibles. Para elegir uno, el veterinario distingue entre perros jóvenes sin alteraciones articulares y adultos con alteraciones ya existentes.

En el peor de los casos, al igual que con las personas, lo único que se puede hacer es implantar una prótesis artificial.

Pronóstico: ¿un perro puede vivir con displasia?

Los perros pueden vivir con displasia de cadera. Sin embargo, el pronóstico depende de la gravedad y de los síntomas que presenten.

En muchos perros, una combinación de las distintas terapias mejora los síntomas. De este modo, se pueden conseguir periodos lo más largos posible sin dolor o con poco dolor. Por desgracia, la displasia de cadera en perros no tiene cura.

Causas: ¿cómo se produce?

La displasia de cadera en perros es más frecuente en razas medianas y grandes. Las razas pequeñas rara vez la sufren. En razas como el golden retriever, el labrador retriever, el boyero de Berna, el bóxer, el rottweiler, el pastor alemán y el san bernardo es muy frecuente. En cambio, es menos habitual en el greyhound o el borzoi.

Herencia de la displasia de cadera

Los perros no nacen con displasia de cadera, pero heredan la predisposición. Los cachorros afectados desarrollan una cadera suelta (subluxación) más o menos a los dos meses.

La cabeza femoral no se asienta con la firmeza suficiente en el acetábulo de la cadera, sino que se mueve de un lado a otro. Los problemas de cadera en perros como consecuencia de esto, como la artrosis, aparecen a partir de los cuatro meses.

Factores de riesgo

Muchos perros con una forma moderada de displasia de cadera suelen presentar síntomas, como cojera, bastante tarde. Además, hay factores, como un peso elevado o un crecimiento rápido, que pueden agravar la displasia.

Por eso es tan importante la alimentación correcta de los cachorros con un contenido energético moderado y de minerales adaptado. Un contenido energético excesivo o un aporte de minerales alto, como de calcio, pueden influir negativamente en la displasia.

Profilaxis: ¿cómo se previene?

Como la displasia de cadera en perros es genética, solo puede evitarse con estrictas medidas de cría. Solo los perros exentos de displasia deben autorizarse para la cría.

Hasta cierto punto, los cuidadores pueden contribuir a prevenir una displasia de cadera grave. Particularmente con razas grandes, no conviene sobrecargar al cachorro en exceso. Además, la comida no debe ser muy energética y debe contener los minerales y vitaminas que el perro necesita.

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