Gato siamés

gato siamés

Origen

El gato siamés es, junto al persa, una de las razas de gatos más antiguas y conocidas. Su origen se encuentra en el sudeste asiático, concretamente en Siam, que hoy en día pertenece a Tailandia. Allí, el siamés era venerado como gato de templo. Hacia finales del siglo XIX, los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra, donde se comenzó la cría de esta raza. En 1892 ya se estableció el primer estándar para los gatos siameses, pero la raza solo fue reconocida en 1949 por la Federación Internacional Felina (FIFe).

Aspecto

Los gatos siameses son de tamaño mediano, poseen un cuerpo esbelto, piernas largas y patas pequeñas y ovaladas. Cuando alcanzan la edad adulta, las hembras pesan entre 3 y 4 kg y los machos, entre 4 y 5 kg. Su cabeza triangular se alarga mediante unas orejas erguidas, puntiagudas y con base ancha. Los ojos almendrados de color azul intenso y ligeramente oblicuos son típicos de esta raza. Por otra parte, la cola es muy larga y estrecha en la base, aunque se va afinando aún más hacia la punta.

Los siameses son en parte albinos, lo que quiere decir que producen poca cantidad del pigmento melanina. Es gracias a ello que adquieren su variación de color, el seal-point. Este patrón es el responsable de una coloración negra genética en las extremidades, que se convierte en marrón oscuro debido al gen «cs» de los siameses. La coloración de las áreas oscuras no sucede enseguida, sino tan solo algunas semanas después del nacimiento. El resto del pelo es de color blanco o tonos crema. Esta raza tiene un pelaje muy corto, fino, brillante, sedoso y pegado al cuerpo y, además, apenas posee manto inferior.

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Carácter

A veces se dice en broma que los siameses son los perros entre los gatos. El comentario deriva del hecho de que esta raza es muy apegada y se deja adiestrar por los humanos hasta cierto nivel. Sin embargo, estos gatos solo aprenden cuanto quieren, y no dudarán en sacar las uñas a quien intente enseñarles algo con violencia.

Su inteligencia y carácter bondadoso lo convierten en el gato perfecto para una familia. Los siameses son unos mininos muy sociables y con una necesidad elevada de participación. Además, se comunican mucho y son dueños de una voz fuerte. Si algo no va con ellos, lo dirán por todo lo alto, razón por la que se les considera especialmente asertivos.

No obstante, a los gatos siameses les encanta estar acompañados de personas y aprecian mucho los mimos de sus dueños. Si se les deja demasiado tiempo solos, el aburrimiento se apoderará pronto de estos astutos felinos. En caso de que tu minino no pueda salir de casa, debes ofrecerle suficientes opciones para entretenerse como, por ejemplo, juguetes de inteligencia.

Los siameses son muy afables y pueden vivir en pareja sin problemas. Son capaces de entretenerse el uno al otro durante horas y limpiar su pelaje mutuamente. También son unos gatos adecuados para sacar a pasear con una correa, siempre y cuando se les haya acostumbrado de pequeños a este accesorio y se haya practicado algunas veces por casa antes de la primera salida.

Con unos cuidados adecuados, los gatos siameses pueden vivir al menos 14 años.

Cuidados

Gracias a su pelaje corto, los siameses no requieren cuidados complicados. Es suficiente con cepillar su pelo de vez en cuando para retirar los pelos sueltos. Debido a que su capa inferior de pelo es prácticamente inexistente, los lugares fríos y húmedos no son sus preferidos. Por ello, asegúrate de que la temperatura de tu casa no sea demasiado baja.

Si tu gato siamés vuelve mojado de su paseo por el exterior, es preciso que lo seques bien. Estos pequeños felinos adoran el calor, por lo que es muy probable que busquen un huequecito en el radiador o en otros sitios cálidos de la casa. Sin duda, a tu siamés le encantará tener a su disposición una manta térmica. Evita, asimismo, exponerlo a las corrientes de aire.

Como ya hemos mencionado, los gatos siameses son muy sociables y afectuosos, por eso tiene sentido que convivan con otros de su especie. Tener dos siameses conlleva la ventaja de que estos disfrutan limpiándose mutuamente, por lo que nuestro trabajo con ellos es aún menor. Dado que también gozan de la compañía de las personas, precisan que se les dedique el tiempo suficiente para jugar con ellos y mimarlos.

Para que tu gato pueda desfogarse de la forma debida, has de colocar algunos muebles rascadores por tu casa. Se sobrentiende la necesidad de contar con un rascador con varios niveles, ya que a los mininos les encantan los sitios elevados.

Además, si es posible, deberías dejarlos salir de casa para que se muevan y se entretengan de manera suficiente. Como alternativa, puedes asegurar tu balcón con una red para gatos. También hemos mencionado ya que a esta raza le gusta salir a pasear con correa o arnés. Si deseas que los paseos con tu siamés sean lo más agradables posible, debes acostumbrarlo a la correa lo antes que puedas y practicar en casa antes de salir por primera vez para que no se lleve sorpresas desagradables.

Alimentación para el gato siamés

Con respecto a la alimentación del gato siamés, se puede afirmar que no es muy exigente. Para el día a día, el pienso y la comida húmeda de alta calidad y con un contenido elevado de carne son idóneos. También existen alimentos creados especialmente para los gatos siameses, como el pienso Royal Canin Siamese Adult. Es importante que la comida preparada que le ofrezcas a tu minino no contenga conservantes, potenciadores del sabor ni otros aditivos parecidos.

En cuanto a la cantidad de comida correcta para los gatos siameses, no es posible establecer unos estándares. Existen muchos factores que influyen en la alimentación de estos pequeños felinos, como la edad y el estado de salud.

Para cuidar su hidratación, es importante ofrecerle siempre a tu gato siamés suficiente agua fresca. Evita darle leche de otros animales porque los gatos son intolerantes a la lactosa y, en algunos casos, puede causarles graves problemas digestivos. En cambio, la leche para gatos tiene una composición especial que es bien tolerada por estos felinos, y es un tentempié ideal.

Enfermedades

Los gatos siameses padecen con frecuencia enfermedades hereditarias causadas por la cría. Entre ellas, encontramos la atrofia de la retina que, en el peor de los casos, puede causar ceguera. Adicionalmente, se encuentran casos de enfermedades cardiacas, trastornos metabólicos y cáncer (por ejemplo, tumores en las glándulas mamarias).

Tampoco es raro que los gatos siameses padezcan endotropía, también conocida como estrabismo convergente, y nistagmo. Algunos ejemplares de esta raza presentan nudos en la cola —producidos por la alteración de los cartílagos del esternón—.

Por otra parte, se cree que la deficiencia de melanina se debe al albinismo parcial de los siameses.

Sea el caso que sea, es importante visitar a tu veterinario de confianza para tomar las medidas preventivas apropiadas.

Cría

Los gatos siameses alcanzan la madurez sexual entre los 4 y los 6 meses de edad. La gestación dura entre 63 y 69 días y la mayoría de las camadas constan de 4 a 6 crías. Los gatitos nacen con el pelo claro y después de un par de días se colorean las extremidades (points).

Después de una semana, los dulces mininos abren los ojitos. Los gatitos deberían permanecer junto a la madre, al menos, hasta cumplir las 12 semanas de vida. Es muy importante que los criadores respeten este requisito, pues en este periodo es cuando los pequeños aprenden a socializarse y adquieren otros conocimientos importantes de la madre.

Antes de decidirte por un criador u otro, hazte una idea sobre los animales y del entorno en el que viven. Lo mejor es que establezcas una cita con el criador para ver a las crías de antemano. Los gatitos deben estar vacunados y desparasitados. Además, deben vivir en un espacio adecuado.

No tengas miedo de preguntar por documentación importante como el pedigrí. No te fíes de los criadores que ofrecen gatos de raza sin documentos porque, generalmente, estos intentan ahorrar todo el dinero posible para poder ofrecer sus crías a un precio bajo. En consecuencia, suelen renunciar a los análisis importantes y a la alimentación de alta calidad.

También es esencial que exista un cierto periodo de descanso entre las camadas. Evita, por lo tanto, a los «multiplicadores» que pasan por alto el bienestar de sus gatos.

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Gato siamés

El gato siamés es, junto al persa, una de las razas de gatos más antiguas y conocidas. Su origen se encuentra en el sudeste asiático, concretamente en Siam, que hoy en día pertenece a Tailandia. Allí, el siamés era venerado como gato de templo. Hacia finales del siglo XIX, los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra, donde se comenzó la cría de esta raza. En 1892 ya se estableció el primer estándar para los gatos siameses, pero la raza solo fue reconocida en 1949 por la Federación Internacional Felina (FIFe).

Azul ruso

A primera vista el azul ruso, un gato de color azul grisáceo se puede confundir con un cartujo o un británico de pelo corto. Pero si te fijas más detenidamente, te darás cuenta de que estas razas son muy distintas entre sí.

Gato esfinge

El origen de los gatos esfinge o sphynx no está muy claro. Su existencia se remonta al periodo de los aztecas, quienes habrían tenido gatos sin pelo hace muchos siglos. Los primeros registros de esta raza se encontraron a principios del siglo XX en Nuevo México. Allí nacieron dos gatitos sin pelo que no se emparejaron porque eran hermanos. Estos mininos recibieron el nombre de «nuevos gatos mexicanos sin pelo». Sin embargo, estos pequeños felinos no están relacionados con los esfinges actuales. El sphynx es de origen canadiense. En 1966 una gata doméstica parió un gatito negro sin pelo y, con él, comenzó la cría de una nueva raza. Una señora adquirió ese peculiar gatito, llamado Prune, y a su madre, Elisabeth, a los que cruzó pasado un año para obtener más descendientes. De esa camada nacieron 7 gatitos, incluidos 2 machos y 2 hembras sin pelo. Estos mininos tuvieron graves problemas de salud: su sistema inmunitario no era capaz de desarrollarse adecuadamente. Por esta razón, la cría de esta raza llegó casi a su fin. No obstante, a mediados de los años 70 se encontraron otros ejemplares de estos «gatos desnudos» y la cría siguió adelante. Tan pronto como en 1971, el esfinge ya fue reconocido como raza.