03 Octubre 2017 - Actualizado 30 Abril 2019

Bóxer

Boxer

Bóxer

Corpulento, pero vital; testarudo, pero sereno; pacífico, pero preparado para defender… el bóxer parece estar lleno de contradicciones. Sin embargo, es esta versatilidad la que le convierte en un perro polifacético.

Características

Es cierto que el bóxer, en la actualidad, es un perro de familia, pero también es buen guardián y protector, así como un gran perro de salvamento, de acompañamiento o de deporte. Con su carácter bondadoso y juguetón, incluso puede hacer las veces de cuidador de niños y compañero de juego. Cumplirá con coraje cualquier tarea que se le encomiende.

Este rasgo se debe, principalmente, a que los bóxer suelen estar ansiosos por hacer lo que se les pide, por este motivo no resulta complicado adiestrarlos. Se caracterizan por ser animales sencillos que aprenden con rapidez y que sienten una simpatía inocente por las personas. Gracias a su naturaleza tranquila y serena, son perros de familia excepcionales y se sienten a gusto incluso con niños pequeños; ni siquiera los más revoltosos les hacen perder su extraordinaria paciencia. Quieren a los niños más que a nada y les gusta jugar hasta cuando son mayores.

Dado que son fieles y están muy unidos a los suyos, no pierden detalle de todo aquello que pueda disturbar la «paz familiar». Ante un desconocido, en un primer momento, se muestran desconfiados y distantes y no dudarían en defender y proteger a su familia en caso de ser necesario. Su valor y determinación hacen de él un perro guardián muy fiable, incluso comparado con otras razas clasificadas más frecuentemente como guardianas. Un bóxer nunca atacará o morderá sin razón; si su dueño le indica que no hay motivo para alarmarse, no tardará en convencerse de las buenas intenciones del visitante y se mostrará abierto a trabar una nueva amistad.

Su templanza innata y su notable seguridad en sí mismo le confieren un autocontrol constante, y hacen que sus rasgos, a simple vista contradictorios, formen un todo muy completo.

Aspecto

El bóxer conquista no solo por su versatilidad, sino también por su inconfundible apariencia. El rasgo más característico de la raza es la cabeza, con cráneo fino y anguloso y mandíbula ancha y fuerte. Lo que también le identifica es el prognatismo, debido al cual, la mandíbula inferior sobresale por delante de la superior, de modo que el grueso labio superior descansa sobre los dientes inferiores. La coloración oscura del hocico se diferencia claramente del color de la cabeza. La Federación Cinológica Internacional (FCI) reconoce el bóxer leonado y el atigrado; el primero puede presentar diferentes tonalidades, desde un leonado claro hasta un rojo ciervo oscuro; a este respecto, la preferencia del estándar se inclina más hacia una tonalidad intermedia: el leonado rojizo. En el caso de los atigrados, las líneas oscuras o negras deben distinguirse bien de la base leonada. Las manchas blancas solo pueden ocupar, como máximo, un tercio de la superficie corporal.

El pelo corto, brillante y pegado al cuerpo acentúa la complexión fuerte y musculosa del bóxer. A pesar de su cuerpo robusto, no es en absoluto torpe ni lento; en sus movimientos ágiles, que nacen principalmente de sus firmes patas traseras, es posible apreciar la fuerza y la gracia de la raza. Posee una constitución cuadrada, lo que significa que la altura a la cruz y la longitud coinciden. Su cuello se extiende desde la nuca hasta los hombros formando una curva elegante.

La cola y las orejas tienden a dejarse crecer de manera natural. Ya son muchos los países que prohíben el corte de las orejas que se practicaba a los cachorros a las siete semanas de edad, al igual que tampoco permiten el corte de la cola. La Federación Cinólogica Internacional no considera las orejas o la cola amputadas como una falta descalificadora, si bien rechaza por principio el corte de miembros por motivos estéticos. Las orejas no cortadas tienen una inserción alta, al igual que la cola, y quedan situadas junto a las mejillas. Los ojos oscuros y los contornos de los párpados negros le otorgan su aspecto enérgico tan característico.

Historia

El corpulento y poderoso brabante o Bullenbeißer ―término de origen alemán que significa literalmente mordedor de toros― es considerado el antecesor directo del bóxer. Durante la Edad Media, los canes similares a este se extendieron por numerosos países europeos. En un principio, se criaron para la caza de animales salvajes como osos o jabalíes. Entre los siglos XVI y XVIII, en Inglaterra, estos perros musculosos fueron también adiestrados para participar en peleas en las que debían enfrentarse a toros y derribarlos como si de una presa de caza se tratase. Gracias a su mandíbula ancha, mordían con tanta fuerza a su contrincante que conseguían finalmente hacerlo caer al suelo. En esa época, la cría estaba principalmente en manos de cazadores, quienes seleccionaban ejemplares con hocico muy ancho y nariz respingona. La descripción del Bullenbeißer que redactó Georg Franz Dietrich aus dem Winckell en su manual de caza de 1820, ya dejaba entrever la imagen del bóxer actual:

«El Bullenbeißer o el Bärenbeißer es una raza canina no excesivamente grande, mas recio y audaz, con cabeza chata y gruesa. Posee todos aquellos atributos por los que se lo critica. Es frecuente que a las seis semanas de edad se le corten las orejas y la cola. Su malicia lo vuelve peligroso para otros animales y humanos; razón por la cual, no se permite en varios países».

 Mientras que el tamaño y la constitución física del Bullenbeißer presentaban muchas semejanzas con los rasgos físicos del bóxer, el carácter de este perro de familia tan apreciado no tiene prácticamente nada que ver con el de aquel animal agresivo. Este cambio en el modo de ser estuvo estrechamente relacionado con la llegada de las armas de fuego, que le sustituyeron en la caza e hicieron que la cría disminuyese notablemente. A finales del siglo XIX, se le cruzó con el bulldog inglés con el propósito de crear una nueva estirpe con apariencia similar a la de sus antepasados, pero con carácter distinto. En 1895, los criadores de esta nueva raza se reunieron en Múnich y fundaron el primer Club del bóxer. Ya tenían una idea clara de cómo debía ser: «un elegante perro de familia, carente por completo de un aspecto torpe o una fealdad que produjese rechazo». En lo esencial, este estándar establecido en 1905 aún sigue vigente.

Cría y Salud

El Club del bóxer, con sede en Múnich, fue el responsable de determinar el estándar de la raza, aunque esta competencia corresponde ahora a la FCI. En 1924, fue reconocido oficialmente como perro de utilidad; en un principio se criaba sobre todo como perro de trabajo, pero hoy es poco frecuente que se críe con estos fines. A pesar de los objetivos iniciales de la cría, cabe destacar que los miembros del Club del bóxer siempre se propusieron la evolución del carácter de la raza, y en la larga historia del club, nunca se ha dado el caso de que se criara únicamente con propósitos estéticos o laborales. Por ello, el bóxer pudo desarrollar al máximo sus múltiples virtudes.

En la década de 1930, llegó a ser mundialmente conocido, cuando el cinólogo Friederun Stockmann presentó a sus bóxer vom Dom de complexión perfecta a numerosas exhibiciones y concursos. Su perro Lustig vom Dom sentó las bases para la cría del bóxer actual, una de las razas más conocidas y queridas.

Además del pionero Club del bóxer, existen muchas asociaciones comprometidas por todo el mundo, que organizan concursos nacionales y mundiales. Algunas asociaciones locales y estatales celebran regularmente exposiciones de cría y pruebas de rendimiento.

Los estándares para la cría exitosa los sigue determinando, al igual que antes, el Club del bóxer de Múnich. Para la cría, solo se seleccionan aquellos que cumplen todas las condiciones y no solo se comprueba la apariencia y la salud del perro, sino también su carácter y su forma física. Aquellos que no logran superar las pruebas se excluyen de la cría sin excepción. Desde que los cachorros nacen, se hace un seguimiento y si cumplen los requisitos del reglamento se los inscribe en el libro de orígenes certificado por la FCI. El propósito de estos controles tan estrictos es el de evitar que se extiendan las enfermedades hereditarias. Los bóxer, lamentablemente, tienen tendencia a padecer algunos problemas de salud como deformidades articulares, displasia de cadera, artrosis o espondilosis, una artrosis que afecta a la columna vertebral. Asimismo, pueden sufrir cardiopatías o tumores. En el caso de esta raza delicada, la cría responsable es fundamental. Cuando se estudia la salud de los perros que van a criar, es conveniente no evaluar solamente la salud de los progenitores, sino también la de los hermanos, los medio hermanos, los abuelos y los tíos. Es importante tener esto en cuenta si un criador irresponsable ofrece bóxer a precio de ganga. Sería bueno que quien quiera comprar uno busque antes información sobre el criador, para evitarse así facturas veterinarias muy costosas o una pérdida temprana del perro. Algunos de los hechos que identifican a un criador profesional y comprometido es que sea miembro de un club del bóxer oficial y que pueda mostrar un libro de orígenes reconocido por la FCI. Los clubes pueden proporcionar información sobre cómo tener, cuidar y criar un bóxer, además de sobre diferentes actividades deportivas.

Cuidados

El bóxer es un perro sencillo y amistoso que hace de buen grado aquello que se le pide, pero para que desarrolle estos rasgos positivos es preciso una educación buena y consecuente. Sus ganas de aprender y su obediencia hacen de él un alumno ejemplar en el que la educación no tarda en dar frutos. Es imprescindible que su entrenador se mantenga siempre tranquilo, calmado y de buen humor. Ante la fuerza o la violencia, deja ver su lado más testarudo, lo cual no será del agrado de quien se encuentre cerca. Si por el contrario se siente seguro, se muestra fiel y dispuesto a aprender.

El deporte es una de sus actividades favoritas; los bóxer son perros muy ágiles que disfrutan practicando mucho ejercicio. Adoran dar largos paseos en familia, correr con sus activos dueños o hacer excursiones. Si al ejercicio al aire libre se añaden juegos y entretenimiento, ya no hay quien los pare. El paso de los años no afecta a la emoción que sienten cuando juegan con pelotas, palos, juguetes con sonido… y no es de extrañar que se lleven tan bien con los más pequeños, pues ambos comparten el alegre carácter y el insaciable instinto de juego. Los bóxer se sienten como pez en el agua en familias con hijos, incluso en aquellas con niños de muy corta edad en las que todo tiende a ser algo caótico; gracias a su gran templanza, siempre se mantienen serenos y amables. Los bóxer más jóvenes podrían suponer un problema si con su desbordante energía asustasen a los pequeños ―o a sus padres­―. Las ganas de jugar de los cachorros de bóxer parecen no tener límites y actúan con cierto ímpetu. Para que las crías aprendan a tener cuidado con los niños y también con los adultos, es importante que la educación sea siempre consecuente desde el principio; solo de este modo, entenderán que cuando se encuentren en compañía de personas, existen reglas que deben respetar. Sin embargo, esto no implica que los perros adultos que no han recibido una educación desde cachorros no puedan interiorizar esto. Si estás pensando en adoptar un bóxer de una protectora, algunas horas de adiestramiento profesional serían muy positivas para él; seguro que así recupera sus ganas de aprender.

Debido a su obediencia innata y a su gusto por el aprendizaje, son buenos para dueños principiantes. Aunque el hecho de ser un dueño inexperto no es motivo para no documentarse un poco antes. Si has decidido tener un bóxer como primer perro, trata de aprender, además de las nociones fundamentales sobre la raza, algunas reglas básicas de adiestramiento y varios ejercicios para que tu nuevo compañero se lo pase bien durante el entrenamiento y os convirtáis en una pareja inseparable.

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