13 Septiembre 2018 - Actualizado 14 Marzo 2019

Alergia en perros

Cuando un perro se rasca repetidamente, lo primero que le viene a uno a la cabeza son los parásitos. Sin embargo, existen otras causas que producen estos picores como, por ejemplo, las alergias. Y es que los canes también sufren reacciones de hipersensibilidad y el número de enfermedades alérgicas va en aumento.

Las principales alergias en los perros son la alergia a la saliva de la pulga, las alergias ambientales (atopia) y las alergias alimentarias. Los síntomas en todas ellas son prácticamente los mismos, por lo que ofrecer un diagnóstico puede resultar complicado. Asimismo, los perros pueden llegar a padecer más de una alergia a la vez.

Actualmente se desconoce que algunas razas sean más propensas que otras a padecer la alergia a las pulgas; y ambos sexos tienen las mismas posibilidades de verse afectados.

La mayoría de las veces la alergia a las pulgas está causada por la pulga del gato (Ctenocephalides felis), pero también pueden provocarla otras especies de pulgas. Esta alergia puede aparecer a cualquier edad, pero no antes del sexto mes de vida. Las proteínas en la saliva de la pulga son las desencadenantes de esta hipersensibilidad. Con la picadura la pulga no solo succiona la sangre del perro, sino que también introduce la saliva de la pulga en su organismo. Esta puede provocar una reacción inmediata (reacción de tipo I) pasados los 30 minutos o una hipersensibilidad retardada (reacción de tipo IV) cuyos síntomas aparecen pasadas unas horas o hasta dos días después de la picadura. La mayoría de los perros que tienen contacto esporádico con las pulgas se ven afectados por una alergia, pero los perros con un contacto reiterado pueden llegar a desarrollar tolerancia.

La atopia, alergia a diversos agentes ambientales, afecta aproximadamente al 15 % de los perros. A diferencia de la alergia a las pulgas, algunas razas son más propensas que otras a la atopia, en concreto, el terrier, el golden retriever, el labrador retriever, el dálmata, el pastor alemán, el bóxer, el bulldog inglés, el setter inglés e irlandés, y el shar pei. La enfermedad aparece generalmente entre el primer y tercer año de vida y rara vez antes de los seis meses o en perros más mayores. Una condición para que aparezca un brote de atopia es la propensión del perro a la hipersensibilidad a un alérgeno. Estos canes tienen reacciones a sustancias ambientales inofensivas como pólenes, hierbas, ácaros del polvo y mohos con una fuerte producción de anticuerpos inapropiada, lo que provoca una gran reacción secundaria inflamatoria que daña el tejido. Los síntomas se pueden observar cuando aparecen, por ejemplo, reacciones a la hierba en determinados periodos del año. Los alérgenos se introducen en el cuerpo a través del tracto respiratorio o la piel.

En relación con las alergias alimentarias, tampoco existen razas o sexos con mayor tendencia a padecerlas, y estas pueden comenzar a cualquier edad. Una verdadera alergia de este tipo tiene lugar cuando un perro ha tomado un alimento específico durante un largo periodo de tiempo antes de que se produzca la reacción. Un animal sano desarrolla una tolerancia inmunológica a los componentes de la comida. Sin embargo, si se reduce la función protectora de la mucosa de los intestinos, los alérgenos pueden atravesar la barrera intestinal y causar una reacción alérgica. Según estudios actuales, los alérgenos en el perro son las proteínas o los compuestos proteicos de un cierto tamaño que contiene el alimento. Cada proteína puede producir reacciones alérgicas y la probabilidad de que estas aparezcan aumenta con la frecuencia de su ingesta. Los alérgenos más comunes son la carne de res, la leche y los productos lácteos, los huevos, el trigo y el pollo. Las alergias alimentarias pueden tener reacciones inmediatas y tardías, o una combinación de ambas. Por ello, los síntomas pueden aparecer pasados los 30 minutos, algunas horas o incluso días y semanas tras la ingesta de los alérgenos.

Síntomas de las alergias

El principal síntoma de todas las alergias es el picor. En las alergias a las pulgas esto afecta principalmente a la mitad posterior del cuerpo, la parte posterior de la espalda, la grupa, la base de la cola, las patas traseras y el abdomen. Los canes se rascan y frotan estas zonas, lo que en ocasiones puede originar, por así llamarlo, una «zona de conflicto», es decir, una herida inflamada y rezumante infligida por el fuerte picor. A menudo, las bacterias y levaduras colonizan las heridas, lo que intensifica más la picazón. En la atopia y las alergias a los alimentos, el tipo de picor es muy similar, lo que dificulta su distinción. El picor tiene lugar en la cabeza, las patas, los hombros, el abdomen, el área interna del muslo y las orejas. En las patas aparecen inflamaciones entre los dedos y las almohadillas; también, se puede inflamar el conducto auditivo externo de los oídos. Las bacterias y las levaduras a menudo atacan la piel dañada, lo que causa una infección (infección secundaria) y más picor. Asimismo, la alergia a ciertos alimentos puede estar acompañada de síntomas gastrointestinales como vómitos, diarrea, flatulencias, fuertes dolores de barriga o heces descompuestas.

Diagnóstico de las alergias

Dado que los síntomas de las alergias son muy parecidos, su diagnóstico es todo un desafío. Además, un can puede padecer más de una alergia al mismo tiempo. Tampoco existen pruebas fiables para distinguirlas. Por ello, una alergia se determina mediante un diagnóstico de exclusión. Asimismo, una historia clínica completa y una descripción física pueden ofrecer indicios. Entre estos se encuentran la raza, el sexo, la edad actual, la edad a la que empezaron los síntomas, el lugar del picor o los síntomas en la piel, la existencia de signos parecidos en otros perros de la camada o sus padres y el momento del año en el que estos ocurren.

Aunque los síntomas no sean los propios de una alergia a las pulgas, esta debería ser la primera en descartarse. El veterinario examina al perro con un peine quitapulgas para descubrir pulgas o excrementos. Si encuentra alguno de ambos, se confirmarán las sospechas. Una prueba intradérmica también puede ser útil para determinar un diagnóstico. En este tipo de prueba se inyectan en la pared torácica los alérgenos de las pulgas y las sustancias de control y se comprueba si ha habido una reacción alérgica pasados los 15-30 minutos, 4-6 horas y 24-48 horas. Aparte de esto, existen análisis de sangre para el diagnóstico de la alergia a las pulgas; no obstante, solo proporcionan información si se trata de la hipersensibilidad de tipo I. También existe otro remedio para ofrecer un diagnóstico en el que los perros y las demás mascotas que viven con ellos reciben un tratamiento antipulgas. Si este surte efecto y acaba con los síntomas, es probable que se trate de una alergia a las pulgas.

Con el fin de confirmar o descartar las alergias alimentarias, los dermatólogos solo recomiendan realizar una dieta de exclusión. Durante un periodo de tiempo de al menos 8 semanas el perro deberá ingerir una fuente proteica y de hidratos de carbono que no haya tomado hasta ese momento. Puesto que nunca había tenido contacto con dichas sustancias, no puede tenerles alergia. Durante ese tiempo el perro no debería tomar otros alimentos diferentes; además, los snacks y recompensas también deben contener los componentes específicos de la dieta. Los dermatólogos recomiendan la comida cocinada por uno mismo. Puede que para algunos esto no sea posible, pero existen dietas hidrolizadas cuyos componentes son tan pequeños que no pueden reconocerse como alérgenos. También son posibles las variedades monoproteicas, puedes echar un vistazo a nuestra sección de alergias e intolerancias alimentarias. Mientras que se sigue la dieta los síntomas deberían mejorar de manera significativa. Con la disminución de dichos síntomas, se debería probar a darle la comida que tomaba antes de iniciar la dieta. Si entonces vuelven a aparecer los síntomas, con ello se demostrará que se trataba de una alergia alimentaria.

El diagnóstico de una atopia es clínico y se realiza mediante la exclusión de otras enfermedades. Si coinciden los síntomas, la edad, el tipo de picor y otras características que indican la existencia de atopia y se han descartado otras causas de los picores, se puede determinar el diagnóstico de atopia. Entonces el veterinario puede realizar pruebas específicas con el fin de identificar los alérgenos desencadenantes. La prueba intradérmica es uno de las apropiadas para ello. En esta prueba se introducen los alérgenos en la piel para poder observar las reacciones derivadas. Este test siempre lo debe llevar a cabo un dermatólogo con experiencia. Asimismo, también es posible realizar una prueba de alergia con análisis de sangre, aunque es posible que se obtenga un falso positivo.

Tratamientos

El mejor tratamiento para las alergias es evitar los alérgenos desencadenantes, lo cual puede ser complicado dependiendo del tipo de alergia. El tratamiento de una alergia a las pulgas consiste en eliminar las pulgas y desparasitar al perro a conciencia. Asimismo, los demás animales que habitan en casa deberían recibir un tratamiento antipulgas de manera regular para que, a ser posible, el perro alérgico no tenga contacto con estos parásitos. Además, es necesario tratar y limpiar de manera minuciosa el entorno, especialmente en el caso de aquellos animales alérgicos que ya tienen pulgas. Para combatir los picores puedes emplear un medicamento indicado para prevenir infecciones secundarias.

Conocer el alérgeno causante de la alergia alimentaria como, por ejemplo, el vacuno, es una ventaja, ya que solo hay que excluirlo de su dieta para que el can pueda volver a comer con normalidad. Si no se puede descubrir el alérgeno o el perro tiene hipersensibilidad a diferentes proteínas, puede ser conveniente una dieta hidrolizada. Además, desde hace algún tiempo ya existen en el mercado comidas con insectos como fuente proteica, lo que representa un nuevo enfoque en el diagnóstico y tratamiento de las alergias alimentarias. Los medicamentos con glucocorticoides o antihistamínicos no son tan útiles para los picores de las alergias alimentarias como en el caso de las alergias a las pulgas o la atopia. Las enfermedades secundarias como la otitis y las infecciones cutáneas requieren un tratamiento adicional.

 

El tratamiento de una atopia es un verdadero reto, puesto que resulta prácticamente imposible evitar los alérgenos causantes de las alergias. Si los picores solo aparecen unos pocos meses al año, estos se pueden tratar con un medicamento que los alivie. Si esta picazón afecta a tu can durante un tiempo prolongado, se recomienda la inmunoterapia. Con ella se administran al perro los alérgenos, cuya concentración va aumentando con cada dosis. De esta manera se estimula el sistema inmunitario del perro y se logra la tolerancia a los alérgenos que producen el picor. Por desgracia, este tratamiento no siempre tiene el efecto deseado. Puede que sea necesario tomar medicamentos adicionales que reducen el picor, como la cortisona, los antihistamínicos, la ciclosporina, los ácidos grasos esenciales o el oclacitinib. Desde el año pasado existe en el mercado un nuevo tratamiento con anticuerpos monoclonales para acabar con los picores causados por la atopia. Estos anticuerpos capturan la sustancia responsable del picor y la metabolizan como las propias proteínas del cuerpo. Esta dinámica terapéutica ha tenido mucho éxito hasta la actualidad y, además, presenta una gran tolerancia.

Prevención

La prevención de la alergia es difícil, ya que para su desarrollo entran en juego muchos factores. Aunque ya se sepa que el can padece una alergia, puede padecer otras. Para evitar una alergia a las pulgas, se debería proporcionar un tratamiento antiparasitario adecuado. Además, es recomendable alimentar a los perros con diversas fuentes proteicas variadas. Sin embargo, las carnes exóticas se deberían evitar, ya que si constituyen la base de la dieta pueden desencadenar una alergia. Dado que la atopia es un tipo de alergia hereditario, se recomienda que los canes alérgicos no tengan descendientes.

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