Serval

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Ya sea un tigre siberiano o uno doméstico, a los amantes de los gatos les encanta la gracia que emanan estos felinos. El serval no es un animal doméstico sino un gato salvaje de la sabana africana. A continuación, te presentamos al serval como antecesor de una raza de gatos muy moderna, pero original, el savannah.

Origen

La sabana africana

El serval no es una raza de gatos, sino una especie independiente: Leptailurus serval. La denominación de serval es probable que provenga de la palabra portuguesa para lince. Para los amantes de los gatos, este felino no solo es algo para admirar desde lejos: del serval proviene una raza de gatos moderna, que debe su nombre al lugar de origen de sus antepasados, el savannah. Esta raza surgió a finales de 1980 mediante el cruce de un gato siamés con un serval. Pero no es evidente que ambas especies puedan reproducirse. Los híbridos, en el mundo animal, suelen tener limitaciones, véase, por ejemplo, la mula, un cruce entre un caballo y un burro. Similar a lo que sucede en este cruce, las crías hembras pueden tener gatitos, pero los machos de las primeras generaciones son infértiles.

El savannah se ha establecido con rapidez como un reconocido gato de raza muy exótico y de aspecto salvaje. Lamentablemente, como descendiente de felinos salvajes, se ha convertido en un objeto de prestigio para algunos.

Para la cría era necesario tener, domesticar y socializar a gatos serval. Sin embargo, el serval originario, donde más a gusto está es en su hogar, las interminables sabanas africanas, sobre todo, en el sur del Sáhara es común cruzarse con un serval. Aquí vive fuera de la temporada de apareamiento como un felino solitario. Se considera que la población no está en peligro de extinción, sin embargo, el área de distribución del serval se ha reducido bastante en las últimas décadas.

Aspecto

El típico felino salvaje

Cualquiera que vea un serval, se dará cuenta de inmediato de que no se trata de un gato doméstico. El gran felino se parece más a un guepardo o a un pariente más pequeño del ocelote. Con una altura de hombros entre 54 y 62 centímetros y un largo de hasta un metro, la hembra serval pesa entre 9 y 12 kilos. El macho puede llegar a pesar hasta 18 kilos. El serval tiene las patas más largas, en relación con el resto del cuerpo, en el reino de los felinos.

Al igual que otros gatos salvajes con patrones estampados, el serval también está decorado con un patrón que le sirve como camuflaje. Este es diferente en cada individuo y puede estar compuesto de manchas grandes o más pequeñas. La cabeza es bastante pequeña, lo que hace que las orejas del serval parezcan aún más grandes, en algunos ejemplares recuerdan a las de un murciélago. En general, todo el cuerpo irradia la gracia y la fuerza típicas de un depredador, también común en los parientes más grandes del serval.

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Carácter

No puede ser de otra manera: el serval es salvaje. Tanto, que lo normal es que no sea posible domesticarlo. Por eso, un serval en cautiverio siempre mantiene una cierta distancia de los humanos. Los servales domesticados pueden ser mansos de diferentes maneras. Si viven con humanos desde pequeños, entonces juegan y se dejan mimar por ellos, pero su comportamiento sigue siendo más salvaje y original que el de los gatos normales. Siempre están alerta y les interesa todo. Si se han socializado suficientemente cuando eran gatitos, entonces suelen convivir en armonía con otros semejantes. Sin embargo, suelen ser demasiado bruscos para una convivencia con gatos domésticos, pues pueden herirlos sin querer. Al fin y al cabo, estos animales pueden pesar el triple que un minino normal y tienen mucha fuerza.

Alimentación para el gato serval

En África, su tierra natal, el serval se acerca a muy pocos metros de sus presas y luego las sorprende con una gran habilidad: no solo puede saltar lejos, sino también alto e incluso atrapar pájaros en el aire. Estos son, junto a los pequeños roedores y las liebres, su comida favorita. Si tiene la oportunidad, también come antílopes jóvenes.

En cautiverio se le debe alimentar con carne fresca, por lo que se requiere de buenos conocimientos sobre la dieta BARF (alimentación cruda biológicamente apropiada). De hecho, muchos criadores recomiendan alimentar con carne cruda también al gato savannah, el descendiente del serval. Sin embargo, una alimentación de solo carne no es suficiente, el metabolismo del gato necesita también vitaminas y minerales, por lo que es necesario administrarles complementos alimenticios. En resumen, se requiere una serie de conocimientos para alimentar a un serval. Además, la asistencia sanitaria debe estar en manos de un veterinario con experiencia en animales salvajes.

Cría de gatos serval

Serval con savannah

 La cría de gatos savannah, debido a las diferentes complexiones de los animales, supone un desafío para los criadores y un peligro para las gatas. Porque, a pesar de que sí pueden procrearse, el serval y el gato doméstico no están hechos el uno para el otro. Durante el acto físico de la monta, el macho serval, con un cuerpo bastante más grande, puede dañar peligrosamente a la delicada gata.

Además, mientras que una gata normal tiene un embarazo de 63 días, las hembras serval tienen a sus crías unos diez días después. Por lo que, durante un cruce, las crías pueden nacer sin haberse desarrollado bien y requerir ayuda de los humanos, si es que sobreviven. De lo contrario, si una hembra serval da a luz a crías híbridas de un gato doméstico, mucho más pequeño que ella, existe el riesgo de que rechace a estos gatitos. Al fin y al cabo, una cría serval pesa unos 250 gramos al nacer, mientras que un minino doméstico pesa entre 90 y 110 gramos. Por cierto, los descendientes masculinos de estos cruces son estériles en las primeras tres generaciones.

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Tener un serval en casa

La belleza de estos elegantes y salvajes animales despierta codicia, por lo que a algunos amantes de prestigiosos objetos exóticos les gustaría compartir su hogar con un serval. Pero los requisitos para su tenencia son extremadamente altos. Incluso cuando cumples estas exigencias, tener un animal de la sabana africana en un recinto europeo (un serval no se adecúa para la tenencia en una vivienda), es cuestionable. Lo mismo sucede con sus crías. Además, la tenencia de descendientes de un cruce entre serval y gato doméstico también requiere una licencia en la mayoría de los países durante varias generaciones.

Requisitos para tener un gato serval y otros híbridos

Para tener un serval en España se requiere permisos especiales. El animal, al ser considerado salvaje, debe estar castrado, a no ser que se emplee para la cría o reproducción, para lo que también se requiere de unos permisos especiales. Además, se le debe realizar un reconocimiento veterinario anual y solo pueden tenerse en núcleos zoológicos.

Quien quiera tener un serval o un descendiente inmediato, ha de ponerse en contacto con las autoridades primero. Además, para su bienestar, deberían ofrecerles posibilidades para nadar. En cautividad, el serval, al igual que los gatos domésticos, puede llegar a vivir hasta 20 años, lo que es casi el doble de lo que viven sus parientes en libertad.

El descendiente del gato serval: el savannah

Si te has enamorado de estos animales exóticos y te imaginas conviviendo, no con un serval, pero con un savannah, puedes tener uno bien socializado a partir de la cuarta o quinta generación, sin tener que cumplir ningún requisito especial. Eso sí, esta raza solo es adecuada para personas que quieran tener un gato muy activo y exigente. Los costes de uno de estos animales exóticos siguen siendo de cuatro cifras, pero son mucho más asequibles que los de las primeras generaciones, que pueden llegar a costar lo mismo que un coche. Esto se debe a que tener un gato híbrido o un serval, no solo requiere tener recursos económicos, sino conocimientos específicos.

Otro híbrido, resultado del cruce con un gato abisinio con un caracal, es el caracat. Sin embargo, este es incluso más difícil de conseguir que el savannah. Si no quieres un animal tan exclusivo, pero sí exótico, puedes informarte sobre el gato bengala.

Volviendo al savannah, como versión mini del serval, este se parece mucho a su antecesor, pero tiene sus diferencias. Si estás interesado en tener uno, necesitas tener mucho espacio: una vivienda grande, a ser posible con jardín. Muchos gatos savannah crean un vínculo muy cercano con sus humanos y se mantienen siempre en su cercanía. A la hora de jugar, son un poco más bruscos y feroces que otros gatos. Es por eso por lo que es más fácil tener dos gatos savannah a la vez para que puedan entretenerse mutuamente de manera salvaje. No es recomendable tenerlos con razas más tranquilas como un british shorthair o un persa, pero los cuidadores de gatos experimentados sabrán ver las excepciones. Si quieres compartir tu hogar con un savannah, es importante que tengas experiencia con felinos. Además, solo debes adquirir un gato de esta raza en un criadero que ofrezca pedigrí. La cría de gatos híbridos es muy compleja y solo debe estar en manos de expertos.

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Gato siamés

El gato siamés es, junto al persa, una de las razas de gatos más antiguas y conocidas. Su origen se encuentra en el sudeste asiático, concretamente en Siam, que hoy en día pertenece a Tailandia. Allí, el siamés era venerado como gato de templo. Hacia finales del siglo XIX, los primeros ejemplares llegaron a Inglaterra, donde se comenzó la cría de esta raza. En 1892 ya se estableció el primer estándar para los gatos siameses, pero la raza solo fue reconocida en 1949 por la Federación Internacional Felina (FIFe).

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A primera vista el azul ruso, un gato de color azul grisáceo se puede confundir con un cartujo o un británico de pelo corto. Pero si te fijas más detenidamente, te darás cuenta de que estas razas son muy distintas entre sí.

Gato esfinge

El origen de los gatos esfinge o sphynx no está muy claro. Su existencia se remonta al periodo de los aztecas, quienes habrían tenido gatos sin pelo hace muchos siglos. Los primeros registros de esta raza se encontraron a principios del siglo XX en Nuevo México. Allí nacieron dos gatitos sin pelo que no se emparejaron porque eran hermanos. Estos mininos recibieron el nombre de «nuevos gatos mexicanos sin pelo». Sin embargo, estos pequeños felinos no están relacionados con los esfinges actuales. El sphynx es de origen canadiense. En 1966 una gata doméstica parió un gatito negro sin pelo y, con él, comenzó la cría de una nueva raza. Una señora adquirió ese peculiar gatito, llamado Prune, y a su madre, Elisabeth, a los que cruzó pasado un año para obtener más descendientes. De esa camada nacieron 7 gatitos, incluidos 2 machos y 2 hembras sin pelo. Estos mininos tuvieron graves problemas de salud: su sistema inmunitario no era capaz de desarrollarse adecuadamente. Por esta razón, la cría de esta raza llegó casi a su fin. No obstante, a mediados de los años 70 se encontraron otros ejemplares de estos «gatos desnudos» y la cría siguió adelante. Tan pronto como en 1971, el esfinge ya fue reconocido como raza.