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Leptospirosis en perros

La leptospirosis en perros es una enfermedad provocada por bacterias helicoidales. También se la conoce como enfermedad de Weil o ictericia de Weil. El patógeno es la leptospira, una bacteria presente en todo el mundo que puede causar graves infecciones incluso en humanos. La especie más frecuente es la Leptospira interrogans, aunque existen otras, como la Leptospira pomona o la Leptospira australis.

A las leptospiras les gusta el calor y la humedad. Por eso son más frecuentes en la región mediterránea y otros climas cálidos y húmedos. Como consecuencia, los casos infecciosos aumentan en verano y otoño. Se encuentran en varios animales domésticos, especialmente en animales salvajes como roedores, que son los huéspedes primarios. Desde aquí, llegan al huésped final por contacto directo o indirecto, p. ej., a través de objetos, comida o agua contaminados. La orina infecciosa suele ser la fuente de infección principal, aunque las bacterias también se pueden transmitir durante el apareamiento o al feto durante la gestación en el útero. Si las leptospiras llegan al cuerpo, alcanzan todo el organismo rápidamente a través del torrente sanguíneo. Si aparecen síntomas y en qué medida es algo que depende de la formación de proteínas protectoras (anticuerpos):

  • Animales con anticuerpos: los patógenos se eliminan y la enfermedad no se desarrolla.
  • Animales sin anticuerpos: las bacterias se reproducen en diferentes órganos y provocan la enfermedad.

Síntomas

Si se produce una leptospirosis en perros, los órganos más afectados son el hígado y los riñones. Los órganos sexuales, el sistema nervioso y otros órganos también se pueden ver afectados.

Según la extensión de la enfermedad y la actividad del sistema inmunitario, existen tres cursos posibles con síntomas diferentes. No siempre aparecen todos los síntomas, ya que, en muchos casos, la leptospirosis en perros presenta un curso leve.

Curso hiperagudo:

  • Las bacterias se reproducen tan rápido que los animales afectados mueren al poco tiempo a causa de los daños orgánicos.

Curso subagudo:

  • Mal estado general y accesos de fiebre
  • Vómitos y deshidratación
  • Tendencia a la hemorragia, como hemorragia nasal y disnea por hemorragia pulmonar (síndrome de hemorragia pulmonar grave, SPHS)
  • Mucosas amarillentas (ictericia)
  • Aumento del volumen de orina y de la ingesta de agua (poliuria y polidipsia) y, si procede, insuficiencia renal aguda
  • Trastornos neurológicos

Curso crónico:

  • Nefritis
  • Hepatitis y alteraciones hepáticas graves (fibrosis hepática)

Diagnóstico

Una charla extensa con el cuidador (anamnesis) es la base de cualquier diagnóstico. Una estancia en el extranjero y otros indicios, como cambios en la ingesta de agua, son signos importantes de leptospirosis. Con un chequeo general, el veterinario puede determinar otros parámetros importantes, como el estado general y la temperatura interna. Si el veterinario concluye que podría tratarse de una infección de leptospiras, iniciará un examen especial. En los análisis de sangre, los animales enfermos suelen presentar un contenido elevado de leucocitos (leucocitosis) y un déficit de trombocitos (trombocitopenia), lo que implica un trastorno de la coagulación y favorece las hemorragias.

El análisis químico de la sangre ofrece datos importantes sobre el funcionamiento de los riñones y el hígado. Si estos órganos ya están dañados, los perros presentan una mayor cantidad de sustancias tóxicas en sangre (azotemia) y valores hepáticos altos, como ALT (alanina aminotransferasa) o GLDH (glutamato deshidrogenasa). Como el análisis sanguíneo no es una prueba irrefutable de leptospirosis, el veterinario puede realizar una detección directa del patógeno. Una detección directa del patógeno se realiza colocando una muestra de orina bajo un microscopio de campo oscuro. No obstante, este método es relativamente poco seguro, ya que los patógenos no siempre se pueden detectar en la orina.

El método estándar es un test serológico indirecto, la prueba de aglutinación microscópica (MAT). El principio de este método es la detección de determinados anticuerpos que forman las células inmunitarias en presencia de leptospiras. Sin embargo, si el perro está vacunado, cuesta distinguir entre el título de anticuerpos de la vacuna y una infección. Por eso, el test se debe realizar varias semanas, ya que solo un fuerte aumento de los anticuerpos es determinante.

Terapia

El tratamiento de la leptospirosis canina se compone de varias medidas terapéuticas:

  1. Administración de antibióticos en dos fases
  2. Terapia sintomática
  • Terapia de fluidos por goteo intravenoso
  • Analgésicos
  • Fármacos contra las náuseas (antieméticos)
  • Protectores de estómago
  • Oxígeno en caso de disnea
  • Alimentación artificial
  • Catéter urinario

Es importante hacer un seguimiento de las constantes vitales del perro enfermo para actuar enseguida en caso de que empeore. Es particularmente urgente observar la actividad de los riñones, ya que el peligro de una insuficiencia renal aguda es altísimo.

Pronóstico

El pronóstico de una leptospirosis en perros depende de la edad del perro, del curso de la enfermedad y del tratamiento. El curso hiperagudo suele ser mortal, mientras que una infección subaguda se puede eliminar satisfactoriamente con un tratamiento adecuado. Los cursos muy graves afectan a perros no vacunados.

Prevención

La vacuna contra la leptospirosis en perros es una de las vacunas obligatorias en España. Protege contra infecciones de Leptospira canicola y Leptospira icterohaemorrhagiae, por lo que estas especies se diagnostican raramente como causantes de una leptospirosis. La vacuna se puede poner a partir de la 8.ª semana de vida. La inmunización de base se consigue con dos dosis separadas por un intervalo de cuatro semanas. A continuación, la dosis de recuerdo se administra anualmente. Se están investigando nuevas vacunas que protejan contra otras especies. Por eso, es recomendable proteger a los perros con estas nuevas vacunas contra la leptospirosis canina.

También hay otras medidas profilácticas que previenen una infección de leptospiras: p. ej., evitar zonas endémicas y limpiar y desinfectar regularmente los comederos y el lugar donde el perro hace sus necesidades.

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