Calmar los ladridos

Calmar los ladridos

Da igual si sucede cuando llaman a la puerta, alguien pasa por delante de la verja de casa o camina por las escaleras del edificio, al aproximarse otras personas o perros durante paseo o cuando el dueño vuelve a casa después de haber pasado la tarde de compras: algunos perros «comentan» estas situaciones con fuertes ladridos. Está claro que ladrar caracteriza a los perros, ya que es su forma de comunicarse. No obstante, hay que prestar especial atención si estos ladridos se prolongan incesantemente durante un largo período de tiempo: si tu perro ladra de manera desmesurada, puede tratarse de un trastorno de conducta grave.

¿Qué cantidad de ladridos se considera la normal?

Mientras que algunos perros casi nunca levantan la voz, otros ladran a la mínima. Al igual que con los humanos, hay perros más «habladores» y otros más callados. Las razas de perro como el chihuahua, el spitz, el carlino, el boyero de Appenzell o el pastor alemán se consideran generalmente más comunicativas que otras como el gran danés, el san bernardo, el eurasier o el lobero irlandés. A pesar de que hay diferencias significativas dentro de estos tipos de perro, siempre y cuando los ladridos permanezcan dentro de los límites aceptables y los perros dejen de ladrar tras la orden del dueño, todo estará en orden. Sin embargo, si el perro siempre ladra durante los paseos o cuando llega alguna visita a casa y difícilmente puedes calmarle, es posible que las causas vayan más allá de un simple carácter comunicativo.

¿Por qué ladran los perros?

Los perros no ladran sin un motivo. No lo hacen para enervar a sus dueños o porque les encante escuchar sus propios ladridos. Lo hacen para expresarse. Puede que estén manifestando su felicidad al verte de nuevo o porque les vayas a sacar a pasear al parque de juegos. En cambio, los perros que ladran de manera desmesurada o en situaciones desafortunadas como, por ejemplo, al cruzarse con otras personas durante los paseos o cuando alguien entra en su «propiedad», expresan sentimientos totalmente negativos. Inseguridad, miedo, frustración o aburrimiento son las causas más comunes de los ladridos excesivos.

Calmar los ladridos: ladridos de inseguridad

Si, por ejemplo, tu perro ladra a otras personas o perros durante los paseos, o en cuanto se acerca alguien a ti o a tu casa, la razón principal que explica este comportamiento es la inseguridad o el miedo. Por lo general, la culpa de estos sentimientos recae sobre su dueño. Las personas que se ponen nerviosas al tropezarse con otro perro durante el paseo o cuando ven que llega corriendo un grupo de niños les trasmiten estas sensaciones negativas a su peludo. El perro cree que el dueño no domina la situación y necesita ayuda. De manera que, aquellos que ladran en estas circunstancias lo hacen porque creen que sus dueños requieren protección.

Ladridos de frustración y aburrimiento

Otra de las causas de los ladridos puede ser la frustración, ya sea por falta de entretenimiento, por falta de paseos, por entradas y salidas constantes del dueño o por las visitas. La gente suele creer que los perros ladran sin razón o simplemente porque sus dueños están cerca. Sin embargo, el motivo de esos ladridos tan molestos es bastante evidente: ¡el perro solo busca atención! Desea que le atiendas y le dediques tiempo.

Ladridos de dolor

Está claro que también hay otros perros que ladran por otra serie de causas que no son ni la inseguridad, ni el miedo ni la frustración. Detrás de esos ladridos puede haber un dolor crónico u otras molestias causadas por una enfermedad. Antes de tratar de desacostumbrar a tu perro de ladrar, se recomienda en cualquier caso visitar al veterinario. Esta es la única manera de descartar que la naturaleza del ladrido sea una dolencia física.

Cómo quitar la costumbre de ladrar

Conocer las razones por las que tu peludo ladra excesivamente no solo sirve para descartar una posible enfermedad, sino también para saber cómo acabar con este hábito. Solo si conoces los motivos de sus insistentes ladridos podrás llevar a cabo un método de entrenamiento preciso para hacer frente a este comportamiento. Es crucial que primero observes y analices las situaciones en las que tu perro ladra, ya que de ellas suelen deducirse sus causas. Si, por ejemplo, tu can ladra en el momento que se te aproximan otras personas, por lo general significa que quiere defenderte y protegerte. En cambio, cuando sales de casa sin él, el ladrido normalmente quiere decir: «¡Estoy aburrido y frustrado porque no dejas que te acompañe!».

Más deporte, menos ladridos

Si este último ejemplo es el motivo de los ladridos de tu peludo, entonces lo que necesita urgentemente es más entretenimiento y ejercicio. Dar un paseo corto alrededor de casa es insuficiente para la mayoría de los perros. Por naturaleza los canes no son perros falderos, ya que en el pasado tenían que cumplir a menudo con importantes tareas y funciones. Por ello, aunque en la actualidad sean perros de familia, estos también quieren sentirse física y mentalmente retados. Con paseos largos, pequeños juegos de lanzar y traer, búsqueda de golosinas o enseñarles simples trucos les harás sentir satisfechos. Si con esto no es suficiente, ya sea porque el perro por naturaleza tenga instinto de trabajo y se encuentre lleno de energía y tenacidad, se recomienda el deporte con perros para satisfacer esta necesidad. Agility, obediencia, dogdancing (bailar con el perro) o el mantrailing (búsqueda y localización a través del olfato), entre muchas otras actividades: existe una opción para todo perro al que le guste el deporte. Las actividades conjuntas tendrán un impacto positivo entre el dueño y el perro, ya que ayudarán a que se conozcan mejor y que los lazos de confianza sean más fuertes entre ambos. Los perros con pleno rendimiento físico y mental suelen ser más tranquilos y dejan de ladrar de manera excesiva rápidamente.

Calmar los ladridos: transmítele seguridad

Si el sentimiento de inseguridad o miedo se encuentra detrás de los ladridos de tu perro, entonces no podrás solucionar el problema tan fácilmente con un largo paseo o con más juegos. Lo que debes hacer es intentar transmitir a tu perro que tienes el control y que no tiene nada por lo que preocuparse. Por así decirlo, se necesita construir una nueva relación de confianza entre ambos, lo cual requiere mucha paciencia y disciplina. Muestra a tu perro que tú eres el líder y que tienes suficiente seguridad y dominio para resolver tus propios asuntos. Claro, esto no siempre es tan sencillo y no se resuelve al instante en todos los casos. Sin embargo, los siguientes ejemplos indican algunos modos de actuar bastante prácticos para advertir a tu peludo: «Ladrar no es necesario, ¡lo tengo todo bajo control!».

Consejo 1: para calmar los ladridos cuando llaman a la puerta

Cuando llaman al telefonillo y el perro empieza a ladrar fuertemente, la mayoría de los dueños suelen reaccionar de la misma manera: o gritan para que se callen o les acarician suavemente la cabeza para calmarlos. El perro, que no entiende el significado de las palabras y que observa a su dueño exaltado o incluso cariñoso con sus ladridos, cree que se está comportando de manera apropiada. De este modo, la reacción del dueño refuerza la creencia del perro de que la situación requiere su intervención. Antes de abrir la puerta, debes colocar a tu perro con cariño y determinación detrás de ti. Enséñale que tú eres quien tiene las riendas de la situación. Si se queda tranquilo sin ladrar, elógialo. Pero si ladra, ignóralo y no le prestes ningún tipo de atención, ni con palabras ni contacto visual. Debes actuar de la misma manera cuando recibas visitas. Solo cuando tu perro deje de ladrar, aunque sea para respirar, alábalo. Ensalzar su actitud positiva e ignorar la indeseable te ayudará a influenciar de manera decisiva su comportamiento.

Consejo 2: para los paseos en compañía

Con el fin de transmitir a tu perro una sensación de seguridad, lo primero que debes hacer es llevarlo con la correa como si fuese una prolongación de tu brazo que ofrece protección en lugar de castigo. Evita que tu peludo vaya delante de ti, pues debes ser quien determine la velocidad y dirección del recorrido. En el momento en el que os crucéis con alguien, continúa caminando tranquilamente sin tener ningún tipo de reacción. De esta manera tu perro obtendrá la seguridad necesaria y se dará cuenta de que los ladridos no son útiles. No trates de calmarlo con palabras suaves o regañándolo, ya que, con ellas, el perro puede sufrir inseguridad y afianzar esa conducta. Recuerda, no lo elogies hasta que deje de ladrar.

Consejo 3: para los perros que se sienten solos

Hay que actuar de una manera similar cuando el dueño sale de casa sin el perro. Solo hay que alabarle cuando logre mantener la calma en esta situación. Entrénale poco a poco para que se acostumbre, para ello, déjale solo durante períodos cortos de tiempo. Mientras ladre, ignórale Si permanece tranquilo, aunque solo sea durante un instante, elógiale. Puedes premiar a tu perro tanto en forma de palabras cariñosas como con golosinas.

Consejo 4: para aportar más estabilidad y rutina en el día a día del perro

Por lo general, a los perros les encantan la rutina y los hábitos. Necesitan un líder en quien confiar y que les guíe en cada paso. Una manera de proporcionarles seguridad es fijar rutinas diarias y hábitos con los que los perros puedan orientarse. Tú serás quien decida cómo se organiza el día, no el perro. Empieza, por ejemplo, cada mañana con un paseo en el que incluyas algún pequeño entrenamiento de obediencia. Adiéstrale para que responda a las principales órdenes y elógiale cuando las realice correctamente a la primera. Establece horarios para las comidas, paseos o juegos con tu perro, pues así le indicas que eres quien toma la iniciativa. Al igual que con los ejemplos mencionados sobre los ladridos cuando llaman a la puerta o durante los paseos, solo se debe recompensar al perro por las acciones que ha hecho bien tras una orden. No le regañes si actúa de manera negativa, por ejemplo, si se pone a ladrar, más bien, alábalo si calla tras pedírselo.

Cuando el esfuerzo da sus frutos

Con ayuda de estos refuerzos positivos puedes enseñarle muchísimo a tu perro. Incluso aquellos canes que están acostumbrados a ladrar excesivamente desde hace años pueden llegar a cambiar su comportamiento mediante un entretenimiento persistente. Cuanto más mayores sean los perros y más tiempo hayan concebido los ladridos como parte de sus vidas, más duradero será el proceso de entrenamiento. No obstante, aunque tu perro no sea tan joven no lo des todo por perdido. ¡Es posible calmar hasta al perro más ladrador! No siempre se consigue sin ayuda, por lo que no dudes en buscar la colaboración de expertos que os puedan orientar. Una visita a la escuela canina, veterinario o terapeuta para perros puede resultar muy útil en la búsqueda de una coexistencia más tranquila.

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