Viajar con gatos en tren

Viajar con gatos en tren

Viajar con gatos en tren

A casi ningún gato le gusta abandonar su entorno habitual. Sin embargo, se pueden dar algunas situaciones, como una mudanza o un largo viaje, que obligan a tu gato a desplazarse. Si el dueño no tiene coche, también resulta necesario recurrir al transporte público para llevarle al veterinario. ¿Esto es posible? ¡Claro que sí! Con un par de consejos tú y tu gato podréis disfrutar de un viaje totalmente libre de estrés.

La preparación

Algo que debes tener claro es que ante todo prima tu seguridad, la de quienes viajan a tu alrededor y la de tu gato. Al viajar con gatos en transporte público, solo se permiten los transportines homologados para gatos o las mochilas y bolsos de transporte para mascotas.

 

Cuanta más confianza tenga el gato con el transportín, más relajado se sentirá el día del viaje. Por ello, acostúmbrale con tiempo. En lugar de sacar el transportín solo durante los viajes desagradables en coche o las visitas al veterinario, puedes dejarlo en el salón unos días o incluso unas semanas antes. Haz que el transportín le resulte atractivo: la valeriana y la menta para gatos proporcionan un aroma atrayente en el interior del transportín y relajan a los felinos. Los sprays de feromonas como los de Feliway y Felifriend tienen un efecto similar. Estos contienen la «hormona de la felicidad» que liberan los gatos al marcar su territorio. Integra el transportín en sus actividades de juego diarias. Una vez haya desaparecido el miedo a la gran caja de olor extraño, se podrá intentar convencer al gato de que entre en ella atrayéndole con un juguete, una caña para gatos o un snack. Incluso puedes darle alguna de sus comidas diarias dentro del transportín. Es esencial que no cierres la puerta y te asegures de que el gato no se sienta agobiado en ningún momento por falta de espacio. Tu minino debe poder abandonar el transportín cuando lo desee. Prémiale con una golosina.

El gran viaje

¡Por fin ha llegado el momento! Lo ideal es que tu felino ya se encuentre familiarizado con el transportín, por lo que el embarque tendrá pocas complicaciones y será calmado. Una vez hayas subido al autobús o al tren, es probable que seas el único pasajero que viaje con un gato. Dependiendo de la duración del trayecto, ambos os encontraréis expuestos a diversos olores y ruidos, además, puede que haga mucho calor o mucho frío. ¡Tu gato tiene todo el derecho de ponerse nervioso!

Ten en cuenta que no a todo el mundo le gustan los gatos y puede que algunos pasajeros incluso les tengan alergia. Por ello, el gato debe permanecer protegido dentro del transportín durante el viaje. Según el carácter del felino, evidentemente es posible que se aburra o que se queje con maullidos. En cualquier caso, resiste la tentación de abrir la puerta del transportín o de dejar que el minino se siente sobre tu regazo para tranquilizarle. Los gatos son animales ágiles y pueden escaparse en un abrir y cerrar de ojos, lo que supone un peligro para ellos mismos y para el resto de pasajeros. Durante los próximos minutos u horas deberías limitarte a acariciar a tu minino a través de las rejas del transportín y hablarle de forma pausada.

Según la duración del trayecto, puede que quieras darle a tu felino un poco de agua o algún snack de vez en cuando. Viajar resulta estresante para los gatos y no todos quieren beber en el autobús o en el tren. A pesar de tener sed, algunos felinos se niegan a tomar líquidos. Durante los trayectos muy largos con animales más confiados, puedes emplear una jeringuilla sin aguja para darles agua directamente en la boca. Para ello necesitas abrir un poco la cremallera del transportín y alcanzarlo con la mano. No te sientas mal si tu gato retrocede o incluso bufa. Como siempre, la seguridad es lo primero, ¡no dejes que tu gato escape!

Dependiendo de las condiciones climáticas, también puede hacer frío en el transporte público. Al colocar una toalla sobre el transportín se protegerá al felino de las corrientes de aire. Sin embargo, no a todos los gatos les gusta viajar a oscuras… Muchos transportines poseen varias ventanas que se pueden abrir y cerrar según se necesite con velcros.

Después del viaje

¡Ya hemos llegado! Después de finalizar el trayecto, puede que el gato se sienta un poco mareado. Tomaos un momento de descanso. Tranquiliza a tu compañero de cuatro patas y, si es posible, deja el transportín a la vista en casa durante unos días. De esta manera tu gato tendrá la oportunidad de experimentar otras experiencias positivas con el transportín antes de emprender otro viaje en el futuro.

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