08 Agosto 2019 - Actualizado 19 Septiembre 2019

Dermatitis en perros 

Escrito por Amelie Krause, Veterinaria
Dermatitis en perros

Seguro que alguna vez has pensado «Mi perro se rasca mucho», todos los cuadrúpedos lo hacen de vez en cuando, eso lo sabe cualquier persona que tenga uno. Pero si observas que tu can se rasca más de lo normal y encima se lame y limpia con mucha frecuencia es importante indagar la causa de los picores. La dermatitis en perros puede limitar el bienestar de estos y reducir su calidad de vida. A veces es tan fuerte que no deja dormir ni a tu fiel amigo canino ni a ti.

La dermatitis en perros se manifiesta de formas muy diferentes. Lo que primero llama la atención es que tu perro se rasca mucho usando las patas traseras o delanteras. El picor en perros puede afectar cualquier zona del cuerpo. Cuando sacude la cabeza suele ser porque tiene picores en los oídos. También suele mordisquearse y lamerse las patas o incluso la espalda y la grupa. Cuando no alcanza a rascarse bien alguna zona del cuerpo, se frota contra la pared o la alfombra para calmar la comezón. Sin embargo, en muchos casos no se queda solo en eso. El rascado continuo hace que la piel se inflame y esto prepara el camino para una posible infección por bacterias, hongos u otros agentes patógenos. Para colmo, una infección en la piel aumenta el picor, por lo que tu cuadrúpedo se encuentra en un círculo vicioso.

Causas de la dermatitis en perros

El picor en perros es uno de los motivos más comunes de las visitas al veterinario. Las causas y enfermedades que provocan los picores son múltiples. Las más importantes son las siguientes:

  • Ácaros
  • Pulgas
  • Infección por hongos
  • Sistema inmunitario débil
  • Alérgenos del ambiente como el polen
  • Alergia a alimentos como los cereales o el trigo

Se diferencia entre causas primarias y causas secundarias: en las causas primarias, la picazón aparece primero y más adelante aparecen las alteraciones cutáneas. En las causas secundarias sucede lo contrario, primero aparecen los cambios de piel y luego los picores. Las causas primarias más frecuentes son las siguientes:

 

Ectoparásitos

Cheyletiella (mesostigmata - ácaros)

Este tipo de ácaros es bastante frecuente, sin embargo, suele pasarse por alto. La Cheyletiella no es selectiva a la hora de elegir un hospedador, afecta a perros, gatos y conejos, pero no a los humanos. Se transmite por el contacto directo o por el entorno. La mesostigmata habita en la piel de forma superficial y se alimenta del líquido tisular. El picor causada por este ácaro puede ser más o menos pronunciada y suele limitarse a la zona de la espalda, los hombros y en algunos casos afecta la parte externa de las orejas. La formación de caspa es muy habitual, sobre todo en la espalda.

Sarcoptes scabiei (ácaro de la sarna o escabiosis canina)

El ácaro de la sarna elige un hospedador específico, es muy contagioso y es zoonótico (transferible a humanos). Se transmite a través del contacto directo con perros afectados o por el entorno. Este ácaro excava milimétricas galerías en la capa de queratina de la piel del perro y deposita ahí huevos y excrementos. La picazón se produce por los propios ácaros o por una reacción alérgica a sus productos metabólicos y suele ser incalmable y continúa incluso por las noches o cuando el can está distraído. Aparece sobre todo en los lóbulos superiores de las orejas, en las articulaciones (codos, rodillas y tobillos) y en la barriga y el pecho, más adelante se esparce por todo el cuerpo.

Neotrombicula autumnalis (ácaro otoñal)

El ácaro otoñal es un parásito rojo anaranjado del tamaño de la cabeza de un alfiler que se da sobre todo en verano y otoño. Se alimenta de los fluidos linfáticos de su huésped. Se transmite por la alta hierba, donde espera a su huésped y ataca, sobre todo, las patas (entre los dedos), la barriga (los pezones) y la cabeza. Una mordedura de esta larva puede provocar reacciones alérgicas con picazón muy fuerte, en especial en animales muy sensibles, que permanece, en principio, incluso después de la eliminación del parásito.

Otodectes cynotis (ácaros del oído)

Dado que los ácaros de los oídos son muy específicos, prefieren atacar el conducto auditivo externo y, en pocas ocasiones, la piel alrededor del oído. En todas sus etapas de desarrollo, este ácaro se alimenta de líquido tisular superficial y de células cutáneas muertas. Se transmiten a través del contacto directo con animales infestados. Suele darse sobre todo en cachorros, es raro que se dé en perros adultos. Los síntomas suelen ser picazón en las orejas y sus alrededores.

Pulgas

Una infestación de pulgas es una de las causas más frecuentes de dermatitis en perros. Las pulgas se transmiten por animales infectados o por la fase de desarrollo primaria de las pulgas en el entorno (por ejemplo, en un lugar donde duerme un can o en un coche). El picor causado por una infestación de pulgas se da sobre todo en la espalda y en la base de la cola, así como en la barriga, el interior de los muslos y en el cuello. Una reacción de hipersensibilidad provocada por el alérgeno que transmite la pulga a través de la saliva puede provocar dermatitis alérgica a la picadura de la pulga (DAPP). En nuestro artículo sobre pulgas en perros encontrarás más información sobre este tema.

 

Alergia (alergia por contacto, dermatitis alérgica por la picadura de pulgas (DAPP), alergia alimentaria, dermatitis atópica canina (DAPC))

Las alergias en perros pueden causar picores leves o graves.

La alergia por contacto puede desencadenarse por cualquier alérgeno (plantas, materiales sintéticos) que entre en contacto con las zonas del cuerpo que suelen estar sin pelo de perros sensibles. Lo normal es que el picor esté limitado a la superficie en contacto con los alérgenos.

La dermatitis en perros proveninete de la picadura de pulgas (DAPP) es la alergia más frecuente en perros. Puede desencadenarse por cualquier tipo de pulga, siendo la más frecuente la pulga del gato (Ctenocephalides felis), pues esta no se limita a un huésped específico. Los alérgenos que se encuentran en la saliva de la pulga llegan al cuerpo del perro mediante las mordeduras de esta. Una cantidad pequeña de pulgas, o incluso tan solo una, pueden desencadenar una reacción alérgica. Los perros afectados manifiestan picores en la parte baja de la espalda, en la base de la cola, en la cola, en las patas traseras y también en la barriga. Dado que una picazón intensa provoca que un perro se rasque mucho pueden aparecer cambios en la piel ocasionados por ellos mismos, aparte de las mordeduras de pulgas, como los llamados hot spots. Dado que estas zonas suelen estar infectadas con bacterias u hongos se produce un picor añadido (es decir, una segunda infección).

La dermatitis atópica canina (DAC) es una alergia a los alérgenos del ambiente como el polen, la hierba o el moho. El prurito en perros suele darse por temporadas, como durante la estación de polinización. Los alérgenos llegan al cuerpo del perro a través de la piel. Las zonas afectadas por el prurito de la dermatitis atópica son la cara y las patas, las extremidades y el interior de los muslos, a menudo las orejas también están afectadas. Al igual que sucede en la DAPP, el rascado continuo provoca cambios en la piel que causan más dermatitis en perros debido a una segunda infección.

La alergia alimentaria es causada por una reacción alérgica a un componente (proteína) de la comida. Después de la DAPP y la DAC es la tercera alergia más frecuente en perros. El desencadenante suele ser una comida que el perro lleva tomando un largo tiempo. Los alérgenos alimentarios son moléculas de proteínas grandes que llegan al cuerpo del animal a través de los intestinos. En esta zona geográfica los alérgenos más comunes son la ternera, la leche y los productos lácteos, el huevo, el pollo, el trigo, el pescado y la soja. El grano, como la proteína de trigo o cualquier otra proteína de cereal, demonizado con frecuencia como desencadenante de alergias, es raro que provoque una reacción alérgica. Sin embargo, los detonantes nombrados no son alérgenos más fuertes que otras sustancias, lo que pasa es que el perro entra en contacto con estas muy a menudo. El patrón de distribución de la picazón es parecido al de la DAC y, por lo tanto, no es característico de la alergia alimentaria. El picor suele aparecer entre cuatro y veinticuatro horas después de haber entrado en contacto con el alérgeno y suele afectar a la cara, las orejas, las patas, las axilas y el interior de los muslos.

 

Infección por hongos (dermatofitos)

Una infección por el Microsporum canis o, el menos frecuente, Trichophyton mentagrophytes también puede desencadenar picor en los perros. La infección por hongos en perros es poco frecuente. Suele deberse a una inmunosupresión, una deficiencia de cuidados o a un estrecho contacto con un animal infectado. Se transmite a través de las esporas fúngicas del entorno, que son muy robustas, o por pelos infestados. La picazón aparece en las zonas de contacto con los pelos infestados o, en el caso de Trichophyton mentagrophytes, en zonas que están en contacto directo con el suelo, como la cara, las piernas y las patas.

Las causas secundarias de la dermatitis en perros son sobre todo las enfermedades sistémicas en las que el sistema inmunitario está débil.

Algunas enfermedades, como el hipotiroidismo, el síndrome de Cushing (hiperadrenocorticismo canino) o también otras enfermedades autoinmunes, provocan diversos cambios en la piel y el pelaje. Estas se desarrollan a causa de una carencia de la barrera protectora de la piel, una debilitación del sistema inmunitario, una ralentización del ciclo del pelo o, en caso del cushing, una piel más fina y rígida debido a la producción excedente de cortisona. Estas enfermedades se manifiestan primero con cambios en la piel sin picazón. Pero, con el cambio estructural de la piel y la supresión del sistema inmunitario, a los agentes infecciosos, como las bacterias o los hongos (malassezia), les resulta muy fácil atacar al animal. A estas infecciones se les llama infecciones secundarias, pues se crean a partir de una enfermedad ya existente. Traen consigo la dermatitis en perros, que depende de la intensidad de la infección secundaria.

Demodicosis canina

En la demodicosis los ácaros también se alimentan del líquido tisular y de las células muertas, pero sus excrementos los guardan en sus propias células, por lo que no se crea una reacción alérgica en el perro. Los cambios en la piel causados por este ácaro suelen darse sin picor. La picazón, que se produce casi exclusivamente de forma generalizada, se desarrolla solo después de la colonización de la piel por bacterias y hongos, por lo tanto, es de causa secundaria.

Cómo diagnosticar la causa del la dermatitis en perros

Dado que existen tantas causas del picor en perros, un historial clínico completo y un informe preliminar detallado son la base de un enfoque estructurado para encontrar un diagnóstico por parte del veterinario. Una descripción física e información previa pueden dar pistas útiles. Lo más importante es lo siguiente:

  • Descripción física, es decir, la raza, la edad, el tamaño y el peso
  • Edad en la que comenzó el prurito
  • Síntomas parecidos en otros perros de la camada o en los progenitores
  • Zona del picor
  • Estacionalidad, momento del año en que aparece el picor
  • Otros animales o personas afectadas en el hogar
  • Respuesta a tratamientos previos
  • ¿Se manifestó primero la picazón o los cambios en la piel?

Con esta información y después de un examen clínico, el veterinario puede comenzar con su diagnóstico.

Una de las causas comunes de la dermatitis en perros son los ectoparásitos y suelen ser fáciles de detectar. Mediante los raspados cutáneos, la prueba de la cinta, el uso del peine quitapulgas o un frotis se pueden captar estos parásitos. Si no se encontrase evidencia alguna de estos, pero la sospecha clínica es muy alta, se realizará un tratamiento de diagnóstico, lo que significa que se le recetará un remedio contra los presuntos parásitos y se esperará a la respuesta del can.

Con la ayuda de procedimientos citológicos o un antibiograma con identificación de patógenos se pueden reconocer las bacterias y hongos como agentes patógenos. Lo que es importante es determinar la causa de la colonización de estos agentes infecciosos.

También existen diferentes métodos para diagnosticar las infecciones fúngicas (dermatofitos). El examen con la luz de Wood es muy sencilla, pues, en caso positivo, se apreciará una luz verde fluorescente en el cuero cabelludo. Sin embargo, esta solo aparece en algunas infecciones de la cepa Microsporum canis, por lo que un resultado negativo no significa que no haya hongos en la piel. Asimismo, se puede hacer un cultivo de hongos con pruebas de pelo, raspados o el método McKenzie (se usa un cepillo de dientes para peinar el pelaje y los pelos y escamas que queden atrapados en este se usan como muestras). Además, existe una prueba de PCR para dermatofitos, que ofrecen varios laboratorios, para la que también se usan raspados de cabello y piel como muestra.

El diagnóstico de alergias es un reto más grande. Por desgracia no existen pruebas fáciles y fiables que indiquen el tipo de alergia del que se trata. Por eso, lo único que se puede hacer es una diagnosis a través de la exclusión de alergias. El diagnóstico de una alergia de contacto suele ser bastante fácil, dado que la picazón aparece en la zona que ha entrado en contacto con la sustancia determinada. En los demás tipos de alergias es necesario hacer un diagnóstico de exclusión. Lo que significa que se descarta una alergia tras otra. Se comienza por la más común y fácil de diagnosticar: la alergia a las picaduras de pulgas (DAPP). Con la ayuda de un peine quitapulgas se intenta atrapar pulgas o excrementos de estas.

De no encontrarse pulgas, se empieza con la terapia de diagnóstico durante unas cuantas semanas. Si no hubiera mejora después de un reiterado y consistente tratamiento antipulgas se continúa con la alergia alimentaria. Para ello se realiza una dieta de exclusión: se debe alimentar al can durante al menos seis semanas con una estricta dieta que consiste en una fuente de proteína y de hidratos de carbono que este no haya ingerido con anterioridad. Es difícil que el perro tenga una reacción alérgica a algo con lo que nunca ha estado en contacto. Durante este tiempo, el peludo no puede comer nada que no sean estas proteínas e hidratos de carbono, incluso los snacks y las golosinas tienen que ser de esos ingredientes. Si se observa una mejoría importante o una completa desaparición de la picazón y los demás síntomas con esta dieta, entonces se vuelve a alimentar al can con la comida que tomaba antes. A esto se le llama provocación. Si el perro vuelve a reaccionar con los mismos síntomas, se confirma que se trata de una alergia alimentaria. En caso de que no hubiera mejora alguna con la terapia de diagnóstico y una dieta de exclusión, se sospechará de la existencia de una atopia. En este caso se procede a realizar una prueba intradérmica o una prueba de alergia a los alérgenos presentes en el ambiente.

Si se sospecha que se trata de un picor por causas secundarias se debe investigar el factor desencadenante, como enfermedades hormonales, a través de un análisis de sangre que incluya los valores de la tiroides.

Tratamiento para la dermatitis en perros

En el caso de la dermatitis en perros extrema es necesario reducir el sufrimiento del can con medicamentos. Esto se consigue con medicamentos de actuación rápida como glucocorticoides u oclacitinib. Los tratamientos con champús o complementos alimenticios también pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, es muy importante averiguar el detonante del picor en tu perro para aliviarlo para siempre.

Dado que los ectoparásitos son una causa frecuente del prurito en perro es necesario que el veterinario te recete un antiparasitario adecuado. Este tratamiento se aplica después de realizar la prueba de los parásitos respectivos o en caso de una sospecha muy fuerte. La terapia para la alergia contra las picaduras de pulgas (DAPP) se lleva a cabo mediante la administración regular de un preparado veterinario contra pulgas y, si es necesaria, una reducción de la picazón con la ayuda de medicamentos.

Según la gravedad de una enfermedad micótica, es necesario realizar un tratamiento local con ungüentos o tinturas o la terapia sistémica con antimicóticos. Es necesario recordar que la dermatofitosis es una zoonosis, por lo que puede transmitirse a personas. Esto significa que en caso de una dermatofitosis pronunciada es importante desinfectar también el entorno. Si la picazón es muy acentuada no deberá tratarse con glucocorticoides, pues esto intensificará la infección fúngica.

La alergia de contacto se trata evitando el alérgeno que la provoca, así como con un tratamiento para la dermatitis en perros. Además, se pueden reducir los alérgenos mediante la aplicación de preparados especiales o champús en la zona de contacto.

Si se trata de una alergia alimentaria se recomienda evitar los alérgenos que la detonan, es decir, alimentar al perro con ingredientes que le sientan bien y a los que no reacciona.

El único tratamiento causal para la atopia es una inmunoterapia alérgeno-específica en la que al perro se le administra una concentración en aumento de los alérgenos a los que reacciona. La finalidad es estimular el sistema inmunitario del can y alcanzar una tolerancia a los alérgenos causantes del prurito. No obstante, no todos los perros responden bien a este tipo de tratamiento. A menudo es necesario complementar esta terapia con medicamentos para calmar el picor como corticoides, antihistamínicos, ciclosporina u oclacitinib. Los ácidos grasos también pueden ayudar a reducir los picores. Hace poco se descubrió otro tratamiento para la picazón por atopia: un tratamiento biológico con anticuerpos monoclonales. Por ahora este tipo de terapia parece ser bastante prometedor y además los perros la toleran muy bien.

Las infecciones de bacterias u hongos por causas secundarias se pueden tratar, según la intensidad, con medicamentos antibacterianos o antimicóticos de aplicación local (champús, pomadas, aerosoles, etc.) o antibióticos y antimicóticos. Pero además de esto, siempre se debe averiguar y tratar la causa de la enfermedad.

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