¡Esta alfombrilla de lamido ha convertido las comidas de mi perro en un momento de relax!
Extiendo un poco de yogur o mantequilla de cacahuete sobre esta alfombrilla y mi perro se entretiene durante veinte minutos. Las texturas variadas lo obligan a lamer despacio, lo que ralentiza su forma de comer y lo calma. Las 80 ventosas se mantienen perfectamente en su sitio, incluso cuando él insiste. El silicón es suave, sin olor y se limpia fácilmente con agua. Un accesorio sencillo que realmente ayuda.